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Sitges 09, el festival del gorila y la luna.

viernes, 16 de octubre de 2009

Un año más me he vuelto a pasear por el bonito y maravilloso pueblo de Sitges con motivo del 42 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, y aunque hace ya un par de años que vuelvo tarareando la misma tonadilla, la cosa vendría a simplificarse con un ni fu ni fa.

Este es el noveno año que me cruzo con zombies, pijos absurdos de fin de semana que cambian el chiringuito de la playa por una sesión de cine a ciegas y verdaderos fans del cine de terror que acuden anualmente al evento más importante relacionado con el cine de terror y la ciencia ficción que se celebra en nuestro país (con todos mis respetos a la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y al Festival de Cotxeres de Sants) y no sé si es porque me hago mayor y a mi nivel de exigencia se le añade un +1, pero cada año vuelvo más decepcionada tanto con la programación como con el nivel general de todas las producciones.

Este año, el mismo en el que Alien cumplía 30 años y se convertía en la película homenajeada, todo el mundo se rasgaba las vestiduras con Rec2 - que se estrenaba en el cine de mi pueblo al día siguiente de la super mega premiere de Sitges, para la cual se agotaron las entradas en cuestión de horas -. Moon, la ópera prima de Duncan Jones, conocido por ser el hijo de David Bowie pero no llevar su apellido para no parecer sospechoso, y a partir de ahora, por haberse llevado 4 premios de esta edición por algún motivo que todavía desconozco. The Imaginarium of Dr. Parnassus, la nueva película de Terry Gilliam, que tenía unos cuantos ases en la manga con nombre de grandes actores como Johnny Depp o Colin Farrel, y por último, lo nuevo de Park Chan-Wook, director que ganaría el festival hace ya 5 ediciones con la increíble Old Boy, y que nos traía este año una de vampiros religiosos, Thirst.

El panorama no pintaba mal del todo, pero tengamos en cuenta diversas premisas:
1. Por una película de zombies, mato.
2. Voy al cine a pasarlo todo todo lo mal que sea posible, pues mi único objetivo es amortizar los 7.50 euros (sin palomitas) que vale meterse en una sala.
3. También veo otro tipo de películas y soy fan acérrima de...por ejemplo, Wes Anderson, pero ese no es el tema.

Si casi me rompo la crisma corriendo por los pasillos del Auditori en busca de la mejor butaca, o se me gangrenan las piernas por estar haciendo cola durante más de una hora para entrar al Prado o al Retiro, una vez dentro, no estoy ni para las gafapastadas de Duncan Jones, ni pretendo que Paco Plaza y Jaume Balagueró se hagan un chalet a mi costa mientras se me queda cara de póker durante más de media hora. Queda más que claro pues, que Rec2 no se la recomendaría a nadie que haya disfrutado con la primera parte. Por eso mismo puede que lo que cuento me haga parecer una nazi del cine a la que no le vale otro criterio u opinión que no sea la suya, pero después de esperar un año, sólo pido un poquito más de carnaza, que esto no es la Filmoteca.

Así pues, mi wishlist - para muchos, hecha con el culo - seguía otro camino más acorde con lo que parecía que me iba dejar buen sabor de boca. Viento en popa a toda vela, con el rotulador en la mano y la programación (con horarios imposibles, por qué no decirlo) en la otra, ataqué por el siguiente frente. En primer lugar, Pandorum, con Dennis Quaid como comandante de una nave espacial que se llena de unos seres extraños y muy cabrones, un poquito de The Descent y una pizca de Event Horizont. Splice, con Adrien Brody y Sarah Polley - pese a que haya aparecido en películas de la Coixet, también tiene derecho a vivir la muchacha - a las órdenes de Vincenzo Natali, uno de los nombres de mi lista de imprescindibles. Survival of the Dead, la nueva de George A. Romero, que preferiría no haber visto y así poder ignorar que el hombre ya chochea, y La Horde, una de zombies que pasa a engordar la lista de películas de terror francesas en la que ya figuran Martyrs, A l'Interieur y Frontiere(s).
Está claro que la lista no se quedó con cuatro títulos que destacan sino que por medio caerían Moon, La huérfana, una película de terror en la que una niña adoptada les hace la vida imposible a sus nuevos padres. The Children, que recuerda claramente a los niños cabrones de Eden Lake, una peliculón como la copa de un pino que se estrenó el año pasado en el festival. Carriers, un quiero y no puedo sobre infectados que tienen la gripe y a los que deberías tener pánico si lo que te molesta es que la gente te tosa encima. Dead Snow, la noruega de zombies nazis que es puro divertimento y para la cual la palabra despropósito podría ser su mejor adjetivo. Clive Barker's Book of Blood, que si yo fuese Clive Barker y hubiese hecho cosas tan grandes como Hellraiser me daría vergüenza que una película así llevase mi nombre en el título. Pontypool, la muestra de que los virus no sólo se transmiten a través de la saliva o el sexo sin protección, y que las palabras muchas veces duelen más que el mordisco de un zombie. The Revenant, una película a lo Shaun of the dead, con un planteamiento totalmente diferente pero igualmente divertida. Waisting Away, la que posiblemente encontraréis reseñada como la película de la sustancia verde que te convierte en un muerto viviente pero que te hace creer que tienes super poderes, y Dead Zone, el filme que le faltaba a Ken Foree para engordar su filmografía.
Vinieron los chicos de Crepúsculo para hacer las delicias de las adolescentes - con sus madres - que hacían cola de noche para ver el teaser de Luna Nueva, se pasó en primicia mundial y universal la segunda parte de la trilogía de Stieg Larsson, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, vimos a Jared Leto en Mr. Nobody, a Paul Giamatti en Cold Souls y a Viggo Mortensen - que vino a presentar The Road y a recibir un premio honorífico - hablando en un catalán que ya lo querría el director del festival y un año más, vivimos algo que se va a convertir en un clásico: la zombiewalk. Todo marchaba bien, parecía que este año octubre se estrenaba sin frío ni lluvia, lo que invitaba a la muchachada a acercarse a Sitges y vaciar los bolsillos para llenar los de la organización y de los señores que vendían bocadillos.

Tras las colas kilométricas, las carreras para coger un buen sitio en el Auditori - este año las mejores butacas estaban reservadas para los Vips y la gente de bien - Moon se llevó el premio a la mejor película, y no teniendo suficiente con ello, 3 premios más le fueron otorgados por distintos méritos que ni secundo ni comprendo. Sí, vi Moon, por eso de que la vendían como una mezcla entre 2001, una odisea en el espacio y El Resplandor, pero no se engañen señores, ni una cosa ni la otra. Moon no deja de ser una película más, con un argumento mundano y un tufillo a cine indie que no debería tener (por lo del presupuesto lo digo). Pese a todo, debo aplaudir el trabajo de su actor principal, Sam Rockwell, quien no comparte pantalla con ningún otro ser humano y que por lo tanto, carga con todo el peso de una película que se hace por momentos aburrida y previsible.

Una vez más no salgo de mi asombro con el veredicto del jurado, y es que el clamor general (ya sabéis, el boca a boca y los comentarios que se oían en los subterfugios más selectos de Sitges, osea donde están los freaks) proclamaba a La Horde como la ganadora del festival. Así pues, no sería más lógico que el jurado premiase una película de terror de verdad como la de Yannick Dahan y Benjamin Rocher? un filme de zombies a la antigua usanza, sin pretensiones, con un ritmo frenético y con unos diálogos dignos de lo mejor de Tarantino?. Nuevamente se volvía a repetir lo de Hard Candy y Surveillance, películas (incomprensiblemente) ganadoras en ediciones anteriores.
Sea como fuere, un año más terminó Sitges mientras cogíamos el camino a casa cabizbajos y con los pies destrozados después de haber recorrido el trayecto del Auditori a la estación unas cincuenta veces en diez días. Unos sintiéndonos afortunados por haber visto una de las mejores películas de zombies desde El amanecer de los muertos, otros llevándose las manos a la cabeza al enterarse de que Moon se había quedado cuatro premios del festival (válgame diós), y el resto asimilando las más 60 películas que se han pasado este año, pero todos esperando con anhelo la 43a edición. Y es que somos como los zombies, nunca tenemos suficiente.

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Slash (la biografía)

miércoles, 14 de octubre de 2009


No es difícil imaginar que tras el éxito de los Crüe con sus trapos sucios y después de haber tratado durante años con alguien como Axl Rose en los Guns, Slash se decidiera a contar su propia versión de los hechos (de momento, sólo en inglés). ¿Cómo pasaron de ser chusma callejera a convertirse en el grupo de rock más polémico y exitoso de su momento? ¿Por qué fueron incapaces de tomar las riendas de su carrera artística tras los "Illusions"? ¿Vive Axl Rose en este planeta?

El libro aborda cronológicamente todo el período que abarca desde que el pequeño Saul Hudson pasa de escuchar los cuentos infantiles que le leía David Bowie en su tierna infancia, a vender millones de discos, chutarse en cualquier sitio antes de llenar estadios para 50.000 personas y tener un final redentor para sus excesos. Sin embargo, a diferencia del libro de los Crüe, Slash no se centra en contar toda la mierda (que la hay, fijo) ni ataca con excesiva saña a sus compañeros. De hecho, en el libro poca gente sale mal parada, excepto, claro que sí, nuestro pelirrojo preferido. Algo que es de suponer si uno ha seguido mínimamente la trayectoria de los Guns N' Roses. Axl es mucho Axl.

Ni que decir, que la biografía es altamente recomendable para todo buen fan del grupo, puesto que se detallan esas anécdotas entrañables que dan vidilla a la biografía de cualquier grupo fetiche. A saber y este caso, cómo vivían Axl y Slash en en un cuchitril inmundo que también les servía como local de ensayo, como surgieron espontáneamente canciones tan míticas como Paradise City (tras un ensayo, y callejeando, Axl empieza a rimar aquello de "Take me down to the Paradise City/ Where the grass is green and girls are pretty" - la improvisación de Slash "Take down to the paradise city / Where de girls are fat and they got big titties" no acabó de agradar a la banda) y esos típicos problemas que provocan las drogas y la fama en exceso.

Sin embargo, el tema central del libro es la relación de amistad - odio entre Axl y Slash. Axl centra buena parte de las críticas pero también de las reflexiones de Slash sobre los Guns N' Roses, que la fin y al cabo y seguramente a pesar de su estupenda parienta, es lo que nos interesa. Todos imaginamos que tratar con un tipo como Axl no es fácil y para Slash sin duda, no fue nada agradable manejar, comprender y aguantar al cantante de Indiana y sus contínuos desplantes en los conciertos; sus decisiones unilaterales acerca de quién y quién no estaba en la banda; sus argucias legales para controlarlo todo y en definitiva, sus paranoias. Para los que aún tengan esperanzas de una posible reunión, digamos que cualquiera se lo pensaría dos (y tres veces) antes de trabajar en un disco con un tipo con el que en las grabaciones ( de los Illusions) sólo te hablas por teléfono, con el que luego sólo hablas a través de un manager (que él ha contratado y al que ves como un "Yes man") y al que no ves ni un pelo durante las giras y que cuando se digna en aparecer lo hace 2 horas tarde. En definitiva, a Slash no se le ve con excesivas ganas ni con la motivación necesaria para volver a tratar con alguien totalmente impredecible con el que siempre debe tener una dosis extragrande de paciencia (y eso que Slash, según él mismo cuenta, de paciencia tiene y mucha, hasta el punto que es inevitable pensar que algo de genio en su vida no le vendría tampoco demasiado mal). El dinero igual es un estímulo, nunca se sabe...

Se hecha a faltar una visión más coral de esta historia de rock and roll, más puntos de vista e incluso, puede que un poco más de chicha (apenas hay anécdotas de la gira de los Illusions si exceptuamos su gira junto a Metallica) puesto que Slash, a pesar de sus críticas al pelirrojo tampoco se muestra muy duro con su ex-compañero. Más bien nos muestra que lo intentó entender pero que no supo como hacerlo.

¿Habrá respuesta a Axl algún día?

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