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Jello Biafra, crónica del concierto de Gijón 8/12/09

jueves, 10 de diciembre de 2009

Histórico, es la única palábra que se me ocurre para catalogar la primera visita a Gijón de Jello Biafra junto con su nueva banda. Si ya lo es de por sí el mero hecho de que viniera (muchas gracias a quien corresponda!!), el concierto que vivimos ayer es de los que se quedan grabados a fuego en la memoria por siempre. Estoy hablando de un señor que es el mejor frontman de harcore punk americano de todos los tiempos. Lider de los míticos Dead Kennedys, una leyenda viva con un pasado cargado de historia defendiendo unos ideales por medio de la música, que a dia de hoy siguen vigentes como el primer dia. Actualmente se presenta bajo el nombre de Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine.

Los teloneros fueron un joven grupo local llamado "Los Daggers" y los madrileños "Espásmodicos". No les presté mucha atención, yo fui a ver a Biafra y lo demás me daba igual. Cuando salió a escena este figura la sala estaba prácticamente llena, la expectación era máxima y en cuanto se arrancaron con el primer tema The Terror Of Tinytown casi estalla el Albeniz. Era previsible de que algo muy gordo se nos venía encima. En principio había que tantear el terreno y no ir en plan kamikaze para evitar accidentes, las primeras filas eran terreno peligroso. Pero no tardaron en hacer sonar California Über Alles y aquello ya fue una puta locura. Jello Biafra está en una forma impresionante, con algún quilo de más pero sobrado de energía y una voz impecable. Nadie diría que tiene ya sus cincuenta y tantos años. No paró en todo el concierto. Por si fuera poco la banda que lleva con él son un supergrupo: a las guitarras Kimo Ball y Ralph Spight unos putos máquinas, Ron Nichols al bajo estuvo sobresaliente durante todo el concierto, y el batera Jon Weiss otro pedazo de animal.

Tocaron entero el disco que acaban de publicar "The Audacity Of Hype", que está lleno de auténticos temazos, pero en cuanto se sucedieron los clásicos de Dead Kennedys a partir de Let's Lynch the Landlord me vi metido de lleno en el caos de las primeras filas. El concierto se convirtió en una especie de supervivencia pura y dura. De repente no paraban de llover agua, cerveza y demás cosas por los aires, junto con Jello Biafra lanzándose desde el escenario haciendo stage-diving en más de una ocasión por encima de mi cabeza. ¡Vaya paliza que nos metimos allí delante!, hacía muchísimo tiempo que no vivía un directo con tanta intensidad.

Biafra es todo carisma, además monta un show teatral sobre el escenario paralelo a la música para reforzar su mensaje. En varias ocasiones se nos dirigía en castellano para nuestra sorpresa. Lució una camiseta con el eslogan "IRAQ VETERANS AGAINST THE WAR". Sucesivas críticas a la sociedad y política americana, referencias a Bush, Obama, Zapatero, Aznar... No deja títere con cabeza, hasta se burla del gobernador Schwarzenegger (Terminator de California), imitando con el pie de micro el levantamiento de pesas. Y un mensaje final que repitió hasta la saciedad mientras terminaba la última canción: "NO A LA TORTURA".



Menuda lección que nos dieron estos elementos, todavía estoy en estado de shock después de ver el mejor concierto del año. Literalmente arrasaron. Intenté hacerme con el set list al final pero fue imposible, de todas formas creo no equivocarme si digo que fue exactamente el mismo que en Barcelona:

Terror of Tinytown
Clean as a Thistle
New Feudalism
Electronic Plantation
California Uber Alles
Panic Land
Let's Lynch the Landlord
Three Strikes
Strenght Thru Shopping
Dot Com Montecarlo
Pets Eat Their Master

First Encore:
Police Truck
Cells that Will Not Die
Holiday in Cambodia

Second Encore:
Bleed for Me
I Won't Give Up

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Muse en Barcelona

viernes, 27 de noviembre de 2009


"Ya sólo faltaba que cambiaran la hora y el grupo", decía un chico antes de empezar el concierto. Lo cierto es que la llegada a Barcelona del Resistance Tour de Muse ha sido de todo menos organizada: entradas agotadas, cambios de ubicación, cambios de día a última hora, etc. Pero sí, finalmente para alivio de muchos y enfado de otros tantos perjudicados con tanto cambio, Muse tocaron en Barcelona. Y lo hicieron llenando el Palau Sant Jordi y ante miles de entregados adolescentes y veinteañeros.

Quien diga que no hay ninguna banda de rock que haya alcanzado el éxito en ésta década y que tenga un gran poder de convocatoria entre el púbico más joven es porque no ha ido a un concierto de la banda británica.

En directo, la banda suena compacta, aunque quizás demasiado para poder apreciar con nítidez los múltiples efectos que sonido que utilizan en su música y en la voz de Matthew Bellamy. En cuanto a al espectáculo, pues eso, es todo un espectáculo de principio a fin. Tres rectángulos luminosos que se parten por la mitad y cuya parte inferior sube y baja y da vueltas con un miembro de Muse por rectángulo es lo que podríamos definir como una puesta en escena realmente currada. El inicio con "Uprising", de su último disco The Resistence, fue de lo más espectacular.

Le siguieron "Resistence" y "New Born" sin bajar el nivel en cuanto a la visual y en lo que a música se refiere. En Barcelona la banda se presentó menos sinfónica y grandilocuente de lo que pueden llegar a ser en sus álbumes. Apostaron por un show más directo y rockero que repasó la mayoría de sus discos: "Map Of the Problematique", "Supermassive Black Hole" y "Starlight" de Black Hole and Revelations; las existosas "Time is running out", "Hysteria" o "Stockholm Syndrome" de Absolution y "Plug in Baby" o "Feeling Good" de Origin of Symetry.

Durante la versión de la canción de Nina Simone, Bellamy dejó el escenario para volver a subirse a su rectángulo y tocar al piano (luminoso, por su puesto) el tema. Aunque poco duró esta versión de Muse. Con "Undisclosed Desires" volvieron a acercarse a un público que flipaba con las proyecciones láser que se proyectaron durante la canción. Hay que decir, que pese a todo este show que envuelve un concierto de Muse, la banda no cae en los excesos ególatras de Bono o de otros ilustres showmen que en cuanto ven a miles de personas dispuestas a adorarles y a aplaudirles no dudan en sacar sus vena más histriónica. Al contrario. El show va muy rodado y la banda se mantiene bastante sobria.

"Stockholm Syndrome" y la épica "Knights of Cydonia" cerraron un concierto que estuvo a la altura de las expectativas de sus fans.

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Depeche Mode + Soulsavers - Barcelona

domingo, 22 de noviembre de 2009

Palau Sant Jordi, 21 de noviembre
18.000 personas

Segundo llenazo en el Sant Jordi para ver a la banda de Dave Gahan y los suyos aguantando el paso del tiempo y seguramente saboreando al máximo el éxito conseguido tras más de 20 años de carrera.

Instalados en ese punto en el que se su nombre suele ir acompañado por aquello de "banda mítica", sus conciertos en macroestadios ofrecen lo que la gente quiere ver y oir: un show con algunos temas nuevos y una apoteosis final con todos sus grandes éxitos. No son los primeros, ni muchos menos los últimos en utilizar esta fórmula. De hecho, eso es casi una recompensa tras la espera y tras las típicas incomodidades que os podáis imaginar en un evento de ésta envergadura.

Con una respuesta poco fría por parte del público puesto que arrancaron con temas de Sounds of the Universe, su último disco, como "In Chains"o "Wrong", la banda empezó a calentar el ambiente con clásicos como "Walking in my shoes" o "It's no good" (Ultra, 1997). Estábamos viendo a unos Depeche Mode no muy interesados en tocar temas de principios de los 80 y actualizados con su esceneografía formada por una macro pantalla situada al fondo del escenario y otra pantalla central con forma de bola de espejo. Gahan se presentaba en su segunda noche en Barcelona super fiel a sí mismo: con su chaleco y sus tatuajes al descubierto y ejerciendo de showman animando al público y bailando como un derviche. Realmente, en lo físico parece que el tiempo no pasa por este hombre. Su imagen bien podría ser exactamente la misma que la de sus giras a principios de los noventa, aunque ahora parece mucho menos oscuro y torturado. Se lo pasó de puta madre.

Algo más arrugado físicamente parecía Martin Gore, cómodo en su papel de fiel secundario de Gahan pero con ansias de protagonismo. De hecho, se marcó un par de canciones en solitario con el único acompañamiento de un piano ("Home" y "Jezabel"), que si bien tuvieron su toque emotivo, lo cierto es que "mataron" un poco el ritmo del concierto. Tras bailotear "A Question of time", una eléctrica intereptación de "I Feel You" y por su puesto tras corear con 18.000 gargantas más mega -hits como "Never let me down again", "Condemnation" o "Enjoy the Silence" (típico momento de éxtasis colectivo), los temas de Gore como que no encajan demasiado bien en la dinámica del concierto. Eso sí, el entregado público se encargó de animarlas ante la divertida mirada de David Gahan.

En el tramo final cayeron "Stripped", "Behind the wheel" y por supuesto "Personal Jesus", un temazo que levanta estadios y que provoca que los huesos de Gahan se muevan sobre la pasarela. Un final con Gahan y Gore dándose un baño de masas en la pasarela y cantando "Waiting for the night" pareció contentar tanto al público como a la banda.

A mi el concierto me reforzó mi visión sobre Depeche Mode: un grupo con temazos de toques oscuros y un líder con una actitud bastante rockera, pero con temas algo más adoninos que acompañan a esos mega hits que todos conocemos. Valoren por ustedes mismos.

Por cierto, la aventura de Mark Lanegan con Soulsavers teloneó a los británicos con un resultado quizás demasiado frío. Mark estuvo perfecto con su voz y por supuesto ni pestañeó ante el numeroso público, más curioso que receptivo ante la propuesta. "Death Bells" y "Unbalanced Pieces" animaron un poco el cotarro pero temas como "Revival" o "Kingdown of Rain" perdieron emotividad entre la immnesidad del Sant Jordi y también en parte por las prisas que llevaba la banda por tocar el máximo de temas posibles. Hasta la versión de "Hit the City" sonó algo insulsa por las prisas.

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Sitges 09, el festival del gorila y la luna.

viernes, 16 de octubre de 2009

Un año más me he vuelto a pasear por el bonito y maravilloso pueblo de Sitges con motivo del 42 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, y aunque hace ya un par de años que vuelvo tarareando la misma tonadilla, la cosa vendría a simplificarse con un ni fu ni fa.

Este es el noveno año que me cruzo con zombies, pijos absurdos de fin de semana que cambian el chiringuito de la playa por una sesión de cine a ciegas y verdaderos fans del cine de terror que acuden anualmente al evento más importante relacionado con el cine de terror y la ciencia ficción que se celebra en nuestro país (con todos mis respetos a la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián y al Festival de Cotxeres de Sants) y no sé si es porque me hago mayor y a mi nivel de exigencia se le añade un +1, pero cada año vuelvo más decepcionada tanto con la programación como con el nivel general de todas las producciones.

Este año, el mismo en el que Alien cumplía 30 años y se convertía en la película homenajeada, todo el mundo se rasgaba las vestiduras con Rec2 - que se estrenaba en el cine de mi pueblo al día siguiente de la super mega premiere de Sitges, para la cual se agotaron las entradas en cuestión de horas -. Moon, la ópera prima de Duncan Jones, conocido por ser el hijo de David Bowie pero no llevar su apellido para no parecer sospechoso, y a partir de ahora, por haberse llevado 4 premios de esta edición por algún motivo que todavía desconozco. The Imaginarium of Dr. Parnassus, la nueva película de Terry Gilliam, que tenía unos cuantos ases en la manga con nombre de grandes actores como Johnny Depp o Colin Farrel, y por último, lo nuevo de Park Chan-Wook, director que ganaría el festival hace ya 5 ediciones con la increíble Old Boy, y que nos traía este año una de vampiros religiosos, Thirst.

El panorama no pintaba mal del todo, pero tengamos en cuenta diversas premisas:
1. Por una película de zombies, mato.
2. Voy al cine a pasarlo todo todo lo mal que sea posible, pues mi único objetivo es amortizar los 7.50 euros (sin palomitas) que vale meterse en una sala.
3. También veo otro tipo de películas y soy fan acérrima de...por ejemplo, Wes Anderson, pero ese no es el tema.

Si casi me rompo la crisma corriendo por los pasillos del Auditori en busca de la mejor butaca, o se me gangrenan las piernas por estar haciendo cola durante más de una hora para entrar al Prado o al Retiro, una vez dentro, no estoy ni para las gafapastadas de Duncan Jones, ni pretendo que Paco Plaza y Jaume Balagueró se hagan un chalet a mi costa mientras se me queda cara de póker durante más de media hora. Queda más que claro pues, que Rec2 no se la recomendaría a nadie que haya disfrutado con la primera parte. Por eso mismo puede que lo que cuento me haga parecer una nazi del cine a la que no le vale otro criterio u opinión que no sea la suya, pero después de esperar un año, sólo pido un poquito más de carnaza, que esto no es la Filmoteca.

Así pues, mi wishlist - para muchos, hecha con el culo - seguía otro camino más acorde con lo que parecía que me iba dejar buen sabor de boca. Viento en popa a toda vela, con el rotulador en la mano y la programación (con horarios imposibles, por qué no decirlo) en la otra, ataqué por el siguiente frente. En primer lugar, Pandorum, con Dennis Quaid como comandante de una nave espacial que se llena de unos seres extraños y muy cabrones, un poquito de The Descent y una pizca de Event Horizont. Splice, con Adrien Brody y Sarah Polley - pese a que haya aparecido en películas de la Coixet, también tiene derecho a vivir la muchacha - a las órdenes de Vincenzo Natali, uno de los nombres de mi lista de imprescindibles. Survival of the Dead, la nueva de George A. Romero, que preferiría no haber visto y así poder ignorar que el hombre ya chochea, y La Horde, una de zombies que pasa a engordar la lista de películas de terror francesas en la que ya figuran Martyrs, A l'Interieur y Frontiere(s).
Está claro que la lista no se quedó con cuatro títulos que destacan sino que por medio caerían Moon, La huérfana, una película de terror en la que una niña adoptada les hace la vida imposible a sus nuevos padres. The Children, que recuerda claramente a los niños cabrones de Eden Lake, una peliculón como la copa de un pino que se estrenó el año pasado en el festival. Carriers, un quiero y no puedo sobre infectados que tienen la gripe y a los que deberías tener pánico si lo que te molesta es que la gente te tosa encima. Dead Snow, la noruega de zombies nazis que es puro divertimento y para la cual la palabra despropósito podría ser su mejor adjetivo. Clive Barker's Book of Blood, que si yo fuese Clive Barker y hubiese hecho cosas tan grandes como Hellraiser me daría vergüenza que una película así llevase mi nombre en el título. Pontypool, la muestra de que los virus no sólo se transmiten a través de la saliva o el sexo sin protección, y que las palabras muchas veces duelen más que el mordisco de un zombie. The Revenant, una película a lo Shaun of the dead, con un planteamiento totalmente diferente pero igualmente divertida. Waisting Away, la que posiblemente encontraréis reseñada como la película de la sustancia verde que te convierte en un muerto viviente pero que te hace creer que tienes super poderes, y Dead Zone, el filme que le faltaba a Ken Foree para engordar su filmografía.
Vinieron los chicos de Crepúsculo para hacer las delicias de las adolescentes - con sus madres - que hacían cola de noche para ver el teaser de Luna Nueva, se pasó en primicia mundial y universal la segunda parte de la trilogía de Stieg Larsson, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, vimos a Jared Leto en Mr. Nobody, a Paul Giamatti en Cold Souls y a Viggo Mortensen - que vino a presentar The Road y a recibir un premio honorífico - hablando en un catalán que ya lo querría el director del festival y un año más, vivimos algo que se va a convertir en un clásico: la zombiewalk. Todo marchaba bien, parecía que este año octubre se estrenaba sin frío ni lluvia, lo que invitaba a la muchachada a acercarse a Sitges y vaciar los bolsillos para llenar los de la organización y de los señores que vendían bocadillos.

Tras las colas kilométricas, las carreras para coger un buen sitio en el Auditori - este año las mejores butacas estaban reservadas para los Vips y la gente de bien - Moon se llevó el premio a la mejor película, y no teniendo suficiente con ello, 3 premios más le fueron otorgados por distintos méritos que ni secundo ni comprendo. Sí, vi Moon, por eso de que la vendían como una mezcla entre 2001, una odisea en el espacio y El Resplandor, pero no se engañen señores, ni una cosa ni la otra. Moon no deja de ser una película más, con un argumento mundano y un tufillo a cine indie que no debería tener (por lo del presupuesto lo digo). Pese a todo, debo aplaudir el trabajo de su actor principal, Sam Rockwell, quien no comparte pantalla con ningún otro ser humano y que por lo tanto, carga con todo el peso de una película que se hace por momentos aburrida y previsible.

Una vez más no salgo de mi asombro con el veredicto del jurado, y es que el clamor general (ya sabéis, el boca a boca y los comentarios que se oían en los subterfugios más selectos de Sitges, osea donde están los freaks) proclamaba a La Horde como la ganadora del festival. Así pues, no sería más lógico que el jurado premiase una película de terror de verdad como la de Yannick Dahan y Benjamin Rocher? un filme de zombies a la antigua usanza, sin pretensiones, con un ritmo frenético y con unos diálogos dignos de lo mejor de Tarantino?. Nuevamente se volvía a repetir lo de Hard Candy y Surveillance, películas (incomprensiblemente) ganadoras en ediciones anteriores.
Sea como fuere, un año más terminó Sitges mientras cogíamos el camino a casa cabizbajos y con los pies destrozados después de haber recorrido el trayecto del Auditori a la estación unas cincuenta veces en diez días. Unos sintiéndonos afortunados por haber visto una de las mejores películas de zombies desde El amanecer de los muertos, otros llevándose las manos a la cabeza al enterarse de que Moon se había quedado cuatro premios del festival (válgame diós), y el resto asimilando las más 60 películas que se han pasado este año, pero todos esperando con anhelo la 43a edición. Y es que somos como los zombies, nunca tenemos suficiente.

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Slash (la biografía)

miércoles, 14 de octubre de 2009


No es difícil imaginar que tras el éxito de los Crüe con sus trapos sucios y después de haber tratado durante años con alguien como Axl Rose en los Guns, Slash se decidiera a contar su propia versión de los hechos (de momento, sólo en inglés). ¿Cómo pasaron de ser chusma callejera a convertirse en el grupo de rock más polémico y exitoso de su momento? ¿Por qué fueron incapaces de tomar las riendas de su carrera artística tras los "Illusions"? ¿Vive Axl Rose en este planeta?

El libro aborda cronológicamente todo el período que abarca desde que el pequeño Saul Hudson pasa de escuchar los cuentos infantiles que le leía David Bowie en su tierna infancia, a vender millones de discos, chutarse en cualquier sitio antes de llenar estadios para 50.000 personas y tener un final redentor para sus excesos. Sin embargo, a diferencia del libro de los Crüe, Slash no se centra en contar toda la mierda (que la hay, fijo) ni ataca con excesiva saña a sus compañeros. De hecho, en el libro poca gente sale mal parada, excepto, claro que sí, nuestro pelirrojo preferido. Algo que es de suponer si uno ha seguido mínimamente la trayectoria de los Guns N' Roses. Axl es mucho Axl.

Ni que decir, que la biografía es altamente recomendable para todo buen fan del grupo, puesto que se detallan esas anécdotas entrañables que dan vidilla a la biografía de cualquier grupo fetiche. A saber y este caso, cómo vivían Axl y Slash en en un cuchitril inmundo que también les servía como local de ensayo, como surgieron espontáneamente canciones tan míticas como Paradise City (tras un ensayo, y callejeando, Axl empieza a rimar aquello de "Take me down to the Paradise City/ Where the grass is green and girls are pretty" - la improvisación de Slash "Take down to the paradise city / Where de girls are fat and they got big titties" no acabó de agradar a la banda) y esos típicos problemas que provocan las drogas y la fama en exceso.

Sin embargo, el tema central del libro es la relación de amistad - odio entre Axl y Slash. Axl centra buena parte de las críticas pero también de las reflexiones de Slash sobre los Guns N' Roses, que la fin y al cabo y seguramente a pesar de su estupenda parienta, es lo que nos interesa. Todos imaginamos que tratar con un tipo como Axl no es fácil y para Slash sin duda, no fue nada agradable manejar, comprender y aguantar al cantante de Indiana y sus contínuos desplantes en los conciertos; sus decisiones unilaterales acerca de quién y quién no estaba en la banda; sus argucias legales para controlarlo todo y en definitiva, sus paranoias. Para los que aún tengan esperanzas de una posible reunión, digamos que cualquiera se lo pensaría dos (y tres veces) antes de trabajar en un disco con un tipo con el que en las grabaciones ( de los Illusions) sólo te hablas por teléfono, con el que luego sólo hablas a través de un manager (que él ha contratado y al que ves como un "Yes man") y al que no ves ni un pelo durante las giras y que cuando se digna en aparecer lo hace 2 horas tarde. En definitiva, a Slash no se le ve con excesivas ganas ni con la motivación necesaria para volver a tratar con alguien totalmente impredecible con el que siempre debe tener una dosis extragrande de paciencia (y eso que Slash, según él mismo cuenta, de paciencia tiene y mucha, hasta el punto que es inevitable pensar que algo de genio en su vida no le vendría tampoco demasiado mal). El dinero igual es un estímulo, nunca se sabe...

Se hecha a faltar una visión más coral de esta historia de rock and roll, más puntos de vista e incluso, puede que un poco más de chicha (apenas hay anécdotas de la gira de los Illusions si exceptuamos su gira junto a Metallica) puesto que Slash, a pesar de sus críticas al pelirrojo tampoco se muestra muy duro con su ex-compañero. Más bien nos muestra que lo intentó entender pero que no supo como hacerlo.

¿Habrá respuesta a Axl algún día?

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Steve Earle

lunes, 21 de septiembre de 2009

Barcelona: Bikini, 19/ 09/ 2009.

Las canciones desnudas de "Los esqueletos", proyecto en solitario de Hendrik Röver (Los Deltonos), amenizaron la espera adecuadamente. Estuvo bien, en su papel, aunque, para qué negarlo, sus canciones se me hicieron algo pesadas y monótonas; y la respetuosa escasa cincuentena de audiencia que llegó pronto había venido a ver a Earle, eso estaba claro. Hendrik lo sabía y no dejó de dar las gracias y de promocionar su disco: "Aprovechen, que este hombre [refiriéndose a Earle] no tiene merchandising, compren mi disco y así se llevan algo para casa".

Poco más de un centenar y medio de almas (¿dónde estaban todos los rockeros trues barceloneses que presumen de serlo, viendo el fútbol?) nos apretamos contra el escenario, ansiosos por revivir el espíritu maldito de Townes Van Zandt de la mano del último disco homenaje (Townes, New West Records, 2009) de la leyenda viva entre los cantautores. Nadie como Earle podía invocar su música porque fue su pupilo y su amigo (le puso su nombre a su hijo) y no sólo le conoció como nadie desde los 16 años, sino que compartió durante un tiempo la espiral del alcohol y drogas y el instinto de autodestrucción que impregnan muchas de sus quebradizas pero poderosas canciones. Por fortuna Earle abandonó ese camino y gracias a eso está aquí para hacernos felices. Quizá morir en un callejón le habrían convertido en un mito, pero no le ha hecho falta tan trágico final.

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Salió el barbudo Steve acompañado únicamente de sus guitarras Martin & Co (que cambió por mandolina o bouzouki en algunos momentos más folk del repertorio, como la coreada "Galway Girl") y su armónica. Ni el tan criticado DJ de su pasada gira ni Allison Moorer, su esposa, eran necesarios para que llenara el escenario. Dirán que a sus cincuenta y pico años está domesticado, que el amor y quizá mantenerse sobrio y limpio le han salvado la vida pero quitado garra (nueve discos excepcionales después de eso, señores y señoras), que ya no es el que era... Pero quien le vea sobre un escenario no puede más que certificar que este señor es muy grande y dispone de un repertorio y un saber estar que quita el hipo. Para una servidora, que adora su trayectoria, su música y a la que, para qué negarlo, este hombre le cae estupendamente en todos los sentidos, verle por primera vez era la forma de comprobar si es cierta la leyenda. Su presencia es tan magnética como dicen. O más. Si Steve Earle te clava la mirada mientras toca y canta verás que hay fuego en su interior. Cuando interpreta las canciones de Townes no las cuenta, las vive y te las hace vivir.

Durante toda la primera parte del concierto desgranó temas de Van Zandt entre explicaciones y anécdotas haciendo gala de sus dotes de showman y recordando con cariño al homenajeado, como cuando rememoró la primera vez que tocó ante Townes. Especialmente emocionante fue "Pancho & Lefty", "Marie", "Colorado Girl" o "To Live Is To Fly", el epígrafe en la tumba de Van Zandt.

Luego el artista brilló con luz propia interpretando un puñado de canciones de su repertorio que abarcaban casi toda su carrera, haciendo hincapié (para delicia de todos) en temas antiguos pero ya míticos de sus primeros álbumes: Guitar Town, Exit 0, Copperhead Road. Prácticamente tocó una canción de cada uno de sus trabajos. Se mostró reivindicativo pero esperanzado ("las cosas están cambiando allá en mi país") con "Jerusalem" y "Christmas In Washington". Incluso interpretó la hermosa "Sparkle & Shine", escrita junto a su esposa. Nos estremecimos con "My Old Friend Blues", nos emocionamos casi hasta la lágrima con "Goodbye", coreamos la springsteeniana "Someday", nos hizo movernos con "Copperhead Road" y "I Ain't Ever Satisfied".

Cuando ya tenía al público más que en el bolsillo por desgracia se acabó el tiempo que la sala le permitía tocar. Y después de dos horas de un fabuloso concierto, sin perder tiempo, un Steve Earle agradecido, feliz y pletórico se volvió a colgar la guitarra y nos aplastó con "Hardcore Troubadour".

En definitiva, memorable.

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Thirty Years of CBGB

lunes, 14 de septiembre de 2009


"Lo que más me gustaba del CBGB era la oscuridad. Eso y el equipo de sonido. Creo que allí pasé algunos de los momentos más intensos e incluso felices de mi vida. Era un antro de bebedores de mala muerte, en ninguna parte, oscuro, ruinoso. Hilly (el dueño) era un gentleman de nacimiento, creo, y supongo que él hizo la diferencia. Nos acogió. Era como el tipo mayor que quieres ser cuando eres un chaval; simplemente te dejaba ser tu mismo" - RICHARD HELL

Es posible que la cita de Richard Hell resuma en pocas palabras todos los sentimientos y recuerdos de todos aquellos que durante más de 30 años de historia del CBGB pasaron allí sus noches. Rockeros, punks, drag queens, artistas, poetas, groupies, fans, camellos, estrellas...

Thirty Years from the Home of Underground Rock. CBGB & OMFUG también es un buen compendio de imágenes de alguna de las curiosas escenas que allí se vivieron. Johnny Thunders y sus cubatas a dos manos; la groupie Sable Starr atacando a Legs McNeil, editor de la revista Punk; Iggy, Thunders y Sable Star de bajón drogata e instantáneas de shows de artistas más actuales como Social Distortion y The Distillers. Y por supuesto muchas fotos de los Ramones y citas de algunos de los protagonistas de las fotos. Por cierto, el libro también incluye un prefacio del hombre que puso en marcha el club, Hilly.

Otras imágenes las tendremos que imaginar (o leer en el IMPRESCINDIBLE libro Por favor, mátame: La Historia oral del punk de Legs McNeil), puesto que en la actualidad el garito es una tienda de ropa rockera que debe provocar palmadas en el ojete de gente tan recomendable como Lenny Kravitz o Jon Bon Jovi. Por fortuna, se conserva algo de las ennegrecidas, asquerosas y pintarrujeadas paredes del local original. También podemos encontrar memorablia de todo tipo colgando de las paredes, desde posters de conciertos, hasta guitarras destintadas o fotografías dedicadas de alguno de los tipos que hicieron legendario el club.

Al fondo del local se conserva un espacio que se supone que era el cochambroso lavabo y una máquina de pinball donde solían jugar Debbie Harry o Dee Dee Ramone. También se intuye el cuartillo detrás del escenario que albergaba el camerino o algo parecido.

En fin, tiene poco sentido haber acabado con el mito para poner a la venta cuatro trapos rockeros. Aunque lo cierto es que la especulación inmobiliaria que sufre la zona (llena de antros, sí, pero también de modernos y multiculturales restaurantes) fue la principal causante del cierre.

Lo que mejor se puede hacer en el 315 de Bowery con Bleekcer Street es pasearse por la tienda mirando lo que queda del CBGB y comprarse algún recuerdo del local como este recomendable libro.

Los dependientes estan más que acostumbrados.

Then........................................and now

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Mariano Pinós, creador de la serie "A Verlas Venir". "Acabaremos con este octavo y si nos animamos, haremos una tercera temporada"

Son las 2 de la noche y estamos en la puerta de un bareto de Zaragoza con Mariano Pinós, director de la serie A Verlas Venir, proyecto pionero en Aragón en series de internet y de las primeras en todo el Estado. Tras unos tragos y alejados de la música –Soul, sixties, Stones, Hendrix- y el olor a tabaco y civilización, aprovechamos para hacerle unas cuantas preguntas acerca de la serie y sus circunstancias.


Trufanzine -Estamos Mariano y un servidor aquí, en unas galerías… ¿cómo se llama esto?

Mariano -Pues estamos en las puertas del bar El Zorro, en el Centro Independencia, popularmente conocido como “El Caracol”

T -Vaya, pues menos mal que el independentismo aragonés no es un movimiento de masas, sino esto sería territorio de adoración colectiva.

M -Ja ja ja, qué gracioso eres.

T -Bueno, vamos al grano. Mariano Pinós es director, ideólogo, co guionista, actor y productor de una serie por internet que se llama A Verlas Venir, consta de momento de siete capítulos y vamos camino del octavo. Mucha gente ya la conoce, pero otra no la ha visto. Para estos últimos ¿tú que les explicarías?

M -¿Rápidamente?

T -No, rápidamente no. Expláyate.

M -Siendo periodístico y yendo a la noticia…. A Verlas Venir es la historia de gente común que trabaja o está desempleada. Para ser claros y sin eufemismo,s son tres amigos de la clase trabajadora juvenil en los tiempos que corren actualmente. Nos dijimos los creadores: basta ya de alta burguesía neoyorkina, o madrileña, o barcelonesa…

T -¿Gente inserida en el conflicto social?

M -No solo en el conflicto social, sino en la vida cotidiana. Estamos hartos de gente que estudia carísimos cursos de publicidad, o con trabajos maravillosos estupendos y estimulantes, ni tampoco de otra gente de la cual se habla mucho en el cine español, que es el lumpen, los gorrillas, las prostitutas, los yonkis. Entonces nos dijimos ¿Dónde están las historias de la gente común? Gente que tiene que trabajar para vivir, y que después necesita tiempo para poder desarrollar su vida, y no le queda precisamente mucho después de la jornada laboral. Porque si están en el paro se siente peor al no poder desarrollar su vida, no pueden tener sus casas de alquiler, que además comparten cual vida de estudiante eterno, sin independencia real ni intimidad. A Verlas Venir es la historia de esa gente en clave de humor, por supuesto, que gira en torno al sexo y el trabajo, que es lo que nos mueve actualmente a la humanidad, a los trabajadores en general.

T -¿El sexo?

M -Sí, sí, sexo… incluso amor, preguntándonos qué es el amor, existe el amor, mola o no mola…

T -Hombre, tras el visionado de los capítulos, la verdad es que ,aunque lo del sexo es bastante claro, el amor en última instancia pesa bastante, aunque no suene bien decirlo así de explicito y diáfano.

M -Quieras que no pesa bastante, desde siempre nos lo han inculcado, en películas yanquis o de aquí, de que tenemos que buscarnos una tía, montar una familia, y eso es una programación del cerebro que también genera su contrario, de que a veces no tenga por qué ser necesario. Esta esquizofrenia que genera estas dos visiones de la vida, que por supuesto en la serie no se resuelve…

T -Ni tiene por qué resolverse.

M -Exacto, no tiene por qué resolverse, es un conflicto permanente.

T -Os han dicho que sois una sitcom zaragozana, que si sois los Friends maños. ¿Qué piensas de estas apreciaciones? Yo veo que gastáis un huevo de exteriores y de localizaciones. Y los de Friends no tienen mucho de juventud precaria.

M -Lo de Friends salió del titular de prensa del diario Qué! cuando nos "descubrieron". Efectivamente ni el formato ni la historia de Friends tiene nada que ver con AVV, pero entiendo que el redactor lo expresara así para que el público masivo pillara la idea (amén del sensacionalismo, pero bueno, eso también nos benefició). Seguramente si hubiera dicho "Zaragoza ya tiene una sitcom" o algo así casi nadie se hubiera enterado de nada.

T -¿Entonces qué series televisivas os podrían haber influido, incluso a nivel temático, de humor, o simplemente os gusten?

M -Claramente Seinfeld nos ha influido notablemente tanto en el tema, que es lo cotidiano hiperamplificado y pasado al microscopio, como en el tipo de personajes, neuróticos y mediocres con pretensiones. También Coupling, una serie inglesa apenas vista aquí, y que es más o menos un híbrido entre Seinfeld y Friends, con unos guiones brillantes. Y nos encanta The IT Crowd y The Big Bang Theory. El lado friki es muy poderoso.

T -A mi me han dicho que quizás tenéis un toque poco disimulado a los films de Kevin Smith

M -Pues mira, no ha sido consciente. Es cierto que en determinados momentos parecemos discípulos de Kevin Smith, pero ha sido casual. Estoy seguro de que si Kevin Smith no hubiera existido, AVV hubiera sido igual. Creo que tiene que ver con que tanto Smith como nosotros hemos vivido en un ambiente muy parecido de working class sin horizontes, curros de mierda, mucho comic de la Marvel en los kioskos y en definitiva un ambiente todo lo contrario a sofisticado, o sea, cutre (New Jersey-Zaragoza y en mi caso, Casetas, barrio obrero del extrarradio). O igual simplemente es que se nos ha quedado Mallrats y Clerks en el subconsciente y hemos copiado y todo lo que he dicho anteriormente es una gilipollez.

T -Es posible intuir que parte importante del material que empleáis es autobiográfico. ¿Cuánto hay de ello, cuando de inventado, y cuánto de material importado, de historias que os cuentan?

M -Hay mucho de cosas que nos han sucedido tanto a nosotros como a amigos y conocidos, sólo que lo sacamos de quicio. Incluso ha habido ocasiones en que un capítulo se ha construido alrededor de una anécdota. La realidad es lo más duro que hay, sin duda. Hacer de algo chungo que te ha pasado un gag, es la mejor terapia.

T -¿Os cortáis en tocar algunos temas o historias que puedan ser reconocibles por terceros?

M -No nos hemos cortado mucho en nada, la verdad. De hecho la historia del capítulo III del perro estaba inspirada en algo que me pasó. Aunque la exageré y me inventé cosas, la tía en la que me inspiré vio el capítulo y me llamó y me dijo "Dime que no soy Ester, por favor". La tía se preocupó realmente pensando en que alguien pudiera tener esa imagen de ella y le juré y perjuré "que no, que no, que no eres así". Se lo tomó bien, después de todo. Podría haberse cagado en mis muelas y/o haberme pegado con un palo en la cabeza y hubiera sido legítimo. Y puede que pase algún día.

T -Estáis rodando el octavo capítulo, y se acaba la segunda temporada. ¿Esto qué significa?

M -Pues no nos lo acabamos de creer, teniendo en cuenta que es una serie emitida por internet y de capítulos de media hora. Incluso el cuarto era de 45 y bastante bien llevados, con lo cual es un riesgo para nosotros porque por lo visto somos la generación del videoclip, que no soporta cosas de más de cinco minutos y se aburre.”¡Hay mucha conversación! nos dicen. Nosotros metemos humor fácil, de todos los públicos, pero también otro humor más nuestro, más propio, algo más complicado y que hay que trabajar los chistes, prepararlos con más tiempo. Si trabajáramos para la televisión no tendríamos por qué hacer esto, pero teniendo en cuenta que la hacemos sin un duro, además es gratis, con nuestro esfuerzo sudor y lagrimas, aparte de hacer algo para el público, que por lo menos nos guste a nosotros.

T -Hombre, yo te diría que tenéis un espacio que no acaba de estar cubierto del todo por lo que sería nuestra generación, de los veintimuchos a los treintayalgo, que compartimos unas referencias culturales, históricas, sociales, vitales, que no están cubiertas y por eso creo que existe esa aceptación social dado que no se encuentran apenas otras opciones similares, ni en internet ni en la televisión.

M -Es complicado, porque lo que se emite en TV y cine es algo producido con un nivel muy básico. Cosas muy simples, humor muy fácil. Y el humor y las historias de lo que llamaron Generación X, de esa mierda de etiqueta que se inventaron, es un poco el sector al que nos referíamos.

T -Lo de la muerte de Kurt Cobain en el primer capítulo es muy definitorio.

M -Muy definitorio acerca de quién vamos a hablar. Somos esa generación y queremos hablar de nosotros mismos. No sé por qué no está cubierto, no es que seamos mejores ni nada de eso. Es difícil porque además somos hijos de otra generación, que es lo que dicen del 68, que accedimos de manera más avanzada a la cultura y por tanto no cabemos en patrones muy mercantilistas ni comercializables. Yo creo que nos queríamos dirigir a ese grupo de gente, que se identificara, y que no hemos desaparecido y pensamos de otra forma que no es la de ahora.

T -¿Te da miedo que en un momento dado los chistes y referencias generacionales puedan quedar anticuadas, en el sentido de que gente posterior a esa generación que dices no las entienda, o las vea desfasadas?

M -Explícate

T- Bueno, es que hace poco me dijeron que Star Wars era una mierda. Una porquería, y que además era obvio desde el inicio que Darth Vader era el padre de Luke. Quizás es que un film tan spoileado que pierde hasta su gracia.

M -Pero hay que tener un poco de orgullo de lo que somos, de saber… joder parezco un abuelo cebolleta. Tuvimos un acceso mayor a la cultura de masas, pero que además tenía una carga más elevada, en todos los niveles: autoconocimiento, filosofía, relación con los demás…

T -Además nosotros nos desvirgamos en eso de la cultura de masas, cuando a un nivel internacional ya era masivo. ¿A qué tenían acceso nuestros padres? ¿A los chiripitifláuticos? Y ahora… ¡Los Lunnis!

M -Realmente sí que es cierto que tenemos un público más joven que nos sigue y eso es porque hay ciertas coñas que no quedan desfasadas, sobre todo las de sexo, las inseguridades, son cosas que no cambian jamás. En ese ámbito cualquier se puede reenganchar, así como la más mayor; y si de paso le metemos un poco lo que tuvo la nuestra, de imaginación, compromiso y transgresión, leer, inquietud por el conocimiento… mejor que mejor.

T- No sois pioneros pero casi -al menos en Aragón sí que lo sois- en esto de hacéroslo vosotros mismos y emitir por la red. Ha salido casi de inmediato un montón de gente con sus proyectos, y además en un espacio de tiempo muy reducido. ¿Qué te llama más la atención del conjunto de nuevas series en internet que están saliendo?

M -Pues hombre, el hecho de que haya gente que se lance a crear historias por la cara, usando el poco tiempo libre que le queda para crear, eso siempre será positivo. No sé si es un movimiento, o algo incipiente, pero sí hay una corriente que está creando algo, arte audiovisual, porque aunque sean series no acaba de ser un producto totalmente televisivo. Lo veo muy bien, hace tiempo que no salía algo así de espontáneo de la masa, del pueblo llano digamos. En ese sentido, aunque yo tenga mi opinión de la calidad de guiones o a otros niveles, este hecho en general me parece cojonudo y ojalá que vaya adelante. Como cada uno hace lo que le da la gana, cada uno hace la serie que quiere, y yo no voy a entrar a criticar a nadie. Y hay series que me gustan mucho, que se parecen un poco a nuestra línea, una que se llama Sin contar al elefante, que es algo parecido a A Verlas Venir, sobre todo al inicio de nuestro proyecto cuando iba a tener un punto más serio.

Qué vida más triste para nosotros significó que al ver que tenía aceptación como videoblog, aunque ya teníamos la idea de hacer una serie fuera como fuera, desde luego nos lanzamos a hacer una nuestra de media hora de duración en este soporte, estructura de telecomedia, un guión trabajado y que pudiera tener cierta aceptación.

T - sales de unas cuantas experiencias fallidas además con productoras y cadenas de televisión, de guiones rechazados.

M -Sí, nosotros hemos presentado el proyecto en varios sitios de Aragón, y antes de eso hice un piloto de Tato, con moto y sin contrato, basado en el personaje de El Jueves, con permiso del autor y todo, que nunca se materializó. Cosas frustradas, pero es una historia muy común. Las series de internet lo bueno que tienen es que sacas todo lo que nunca saldrá por televisión, por cuestiones tanto de corrección política, como de share, de audiencia… en internet lo puedes hacer porque eres bastante libre. Un ejemplo que hablamos muchas veces es por ejemplo el de fumar. Salir fumando en un cigarro está incluso penado.

T -Como en Al Salir de clase, que se iban a un Pub y no había humo ni nadie bebía alcohol. Y de esa serie hace diez años.

M -Exacto, y no solo fumar, ya me refiero a casos de tipo político, social, flirtear con cosas con las que “no se puede hacer humor”; en internet gozas de un espacio de libertad creativa más amplia.

T -Antes había comentado que A Verlas Venir iba a tener un toque más serio, dramático.

M -Sí, queríamos hacer un rollo más naturalista, con toques de humor pero más woodyallenesco, de extraer a lo cotidiano reflexiones más profundas. Lo que pasa es que cuando queríamos hacer eso estábamos también un poco más verdes y a fuerza de trabajar los guiones nos dimos cuenta de que el formato no se adecuaba a lo que teníamos en mente inicialmente. Eso por un lado, por el otro de entre los que estamos en el equipo hay un sector que tira más hacia el absurdo con lo cual entre pitos y flautas ha quedado un poco de reflexión, algo de naturalismo, pero también muchas idas de olla que además generan la carcajada. El humor más fino hace gracia a cierto público, pero la carcajada, la que se corresponde con un humor más bruto es la que hace que tengas más éxito. Entre todos estos factores entraron esos elementos de humor absurdo junto con lo que teníamos ya de idea inicial.

T -En cada capítulo hay referencias políticas, más o menos directas...

M -Sí. Aunque las hay a dos niveles distintos. Unas son las críticas sociales y políticas como la jornada laboral, el sindicalismo amarillo, la impunidad de los patrones, etc. Injusticias insertadas como parte de la historia y que afectan a los personajes. Luego a otro nivel distinto, está la parodia del rojo que es Pedro. Es una forma de reírnos de nosotros mismos -ya que yo también soy rojo, claro- y del folclore del comunismo, del republicanismo, etc, que sirve yo creo para dar visibilidad a que, hostias, los rojos también estamos aquí, estamos en la sociedad y también nos gusta hablar de nosotros mismos. Además, enseñar la bandera republicana de vez en cuando es sano y apoya la causa.

T -¿Como os lo hacéis para movilizar a tanta gente para cada capítulo, y que no repitáis ni extras, ni secundarios? Además, hacéis gala de un montón de localizaciones. No me lo explico.

M -Yo tampoco me lo explico.

T -¿Tenéis muchos amigos, muchos contactos, la gente se muere por salir en la pantalla?¿Cómo va eso?

M -Tal y como ha sido al final, los que formamos el equipo conocemos en total a mucha gente que está dispuesta a participar. Además, con el primer capítulo ya salimos en la prensa, con lo cual más personal todavía estuvo dispuesto a colaborar. Bares de moda, artistas, humoristas de los monólogos, cantautores… además cada uno tiene sus aficiones dentro del mundo de la cultura de Zaragoza. Así que entre pitos y flautas pues hemos conseguido juntar a un gran colectivo humano que responde muy bien. Hemos tenido mucha suerte con los actores, en un principio yo me planteé que antes que actores, prefería personas que fueran naturales, y hemos acertado bastante al elegirlas. También han participado algunas actrices profesionales y se nota mucho, pero hemos tenido en general buenas interpretaciones.

T -Según llega mis oídos, muchos seguidores me dicen que la banda sonora es espectacular.

M -Realmente hemos mirado otras series y observamos cierto miedo a meter música, ya sabes, la SGAE, sus adláteres, y esas cosas. Eso responde también en nuestro caso a una predilección personal por la música anglosajona y seleccionamos la música según determinados criterios. Metemos mucho grunge porque al fin y al cabo es la música de la generación que hemos comentado antes, que si Pearl Jam, Nirvana, la BSO de Singles que te traslada a otras épocas. Hay mucho soul como predilección individual, como loco de la música negra que soy, pero siempre muy adaptado a lo que sale en la pantalla. También tiramos de bandas sonoras, pero ese mérito ya no es nuestro, es muy fácil meter música muy buena que hay por ahí y que te hace media película.

T -También hay temas de punk rock. Green Day, Undertones, Ramones, La Polla Records...

M -Y no te olvides de The Clash, cuya alargada sombra recorre todos las dos temporadas. Es un estilo en el que podemos encontrarnos todos los del equipo. Creo que hablar de la juventud precaria y la ausencia de futuro no puede contarse si no hay punk de por medio; la historia lo pide. O al menos a nosotros nos lo pide.

T -Es curioso porque en bastantes series yo veo que no se curran nada la música.

M -Yo creo que no lo hacen por los derechos de autor, otros directamente porque no tienen ese criterio y ese juicio para colar música y que encaje bien.

T -Y después del octavo capítulo, ¿qué?

M -Pues en principio vamos a hacer el octavo como final de la serie. Y si en un futuro cercano nos animamos a seguir, seguiremos. Responde esta decisión más al asunto de que esto quema, porque todos trabajamos, y cuando hicimos la primera temporada estábamos todos parados y además compartíamos piso, que usábamos como escenario real. Así que en cualquier momento te ponías a trabajar en un episodio nuevo. Ahora cada uno trabajamos y vivimos por nuestra cuenta y se hace muy difícil movilizar esfuerzos para sacar un capítulo de media hora. Entre el tercer y el cuarto episodio, que es el de 45 minutos, escribimos catorce episodios de cinco minutos cada uno ambientados en la Zaragoza de la Expo. Fue un trabajo acojonante que aporta muchísima experiencia. Como te obligas a currar cada semana, pues te fogueas. Es mucho trabajo, pero te curtes y aprendes mucho. Y luego se ve al escribir y al realizar, la experiencia que no que hemos adquirido en el mundo profesional la hemos pillado así.

T -¿Tenéis otros planes para el futuro?

M -Yo personalmente tengo ideas, supongo que el resto del equipo también. Lo que tengo en mente son historias parecidas, pero ahondando en la línea naturalista y costumbrista, tal vez menos absurdo, pero historias vivenciales de lo cotidiano. Y por qué no, una tercera de A Verlas Venir, incluso… ¡vete a saber si en la televisión!

T -¿En la televisión?

M -Sí, hemos tenido algún contactillo, pero todavía no se ha concretado nada. Siempre vamos picando puertas a ver qué nos ofrecen. La respuesta ha sido buena pero de momento solo ha quedado en primeras impresiones.

T -Esta va para nuestro público más gafapastoso. ¿Nos puedes dar una opinión del cine de Jean Luc-Godard?

M -¿Jean Luc-Godard? Ja ja ja ja. No, no puedo dar una opinión porque lo que he visto es reducido, pero aunque alguna película que he visto suya es perfectamente olvidable –NdE, se trata de Banda Aparte- hay una que permanece en mi retina con imágenes perfectamente indelebles:Todo va bien , que me parece excelente. Junta discurso político, personal y artístico; y la puesta visual y escénica en conjunto acojona, aparte de que actúa Jane Fonda, que es una de mis actrices fetiche.

T -Incluso por encima de Emma Suárez

M -Sí, y de Winona.

T -Pero lo de Jane sería antes de que se casara con el podrido multimillonario de Ted Turner.

M -Obviamente, obviamente. Ahí ya se echó a perder en todos los sentidos.

T -Bueno empezamos a desvariar, así que vamos a ir acabando. ¿Con qué personaje de cómic te quedas, así que sea tu favorito?

M -Buddy Bradley de Odio, sin dudarlo.

T -¿Algún film reciente que te haya gustado?

M -This is england, de lo más interesante que vi hace poco.

T -¿Qué música escuchas ahora mismo?

M -James Hunter, The Pepper Pots, que es un grupo de Girona y van en una onda soul... Parece que hay una nueva ola a nivel internacional muy buena, de mucho nivel, que suena negro y muy profesional.

T -¿Qué me dices entonces de la Winehouse?

M -Me gustan algunas cosillas, a pesar de que tiene que pagar un peaje comercial para tener cierto éxito, creo que su actitud es bastante auténtica. Es la punta del iceberg, abre la puerta a toda la gente que hay detrás, ayuda a que pase el resto del ejército.

T -¿Una serie de Televisión?

M -Seinfeld, claramente.

T -¿Como andamos de lecturas?

M -Lo último que he leído es Los Hombres que no amaban a las mujeres, ¡no me mates!. Ahora estoy leyendo un ensayo que me han dejado de Virginia Woolf, Una habitación propia. Hay que leer de todo. Aunque a ver si ahora me pillo alguno de estos malos de ciencia-ficción para evadirme un poco.

T -Pues esto es todo. ¿Algo más que añadir?

M -No, no.

T -¿Nos tomamos otro ginebrazo?

M -Vamos allá

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Tori Amos - Radio City Music Hall (NY)

lunes, 7 de septiembre de 2009


A Tori se la esperaba con ganas en Nueva York. Así que las entradas para verla en concierto en el Radio City Music Hall, uno de los lugares con mayor aforo y de los más emblemáticos de la City, se agotaron con bastante antelación. Sí, había expectación y también había chicas. Muchas chicas, de todas las edades. No es un estereotipo decir que su música, pero sobretodo la temática de sus temas engancha muy especialmente al público femenino.


Acompañada por un batería y por un bajista que a lo largo de la noche también tocó el violoncelo, Tori abrió el concierto rodeada de pianos con "Give", un tema de su nuevo y décimo álbum, Abnormally Attracted to Sin. La verdad es que con sólo verla unos pocos minutos tocando el piano, te das cuenta de que en directo esta mujer tiene la fuerza y el desparpajo necesario como para sonar (a su manera) contundente y sexy sin que el resultado parezca demasiado forzado.

Tras "Body Soul", cayeron "Cornflake girl", "Icicle" y "Space dog", tres temas de Under the Pink que nos pusieron como una moto mientras Amos ya empezaba a dar taconazos, a mover la melena y a marcar sus poses de fémina de la muerte entre los dos pianos que tocaba a la vez.

Si bien la presentación del show era bastante minimalista, entre la multitud de pianos que Tori iba tocando y la mini banda que la acompañaba hicieron que las canciones tuvieran más fuerza. Y francamente lo agradecí, pues uno de mis temores era encontrarme con un concierto demasiado "acústico", más que nada por el cansancio acumulado por el turisteo.

"Flavor", "Concertina", "Jamaica Inn", "Mary of the Sea" y una bonita "Bells for Her" fueron los siguientes temas de su repertorio. Tras esta última, Tori se quedo sola en el escenario para interpretar su curiosa versión del "Smells like Teen Spirit" (que no me acaba de convencer) y "Winter".

Con la banda de nuevo sobre el escenario, Tori encaró un tramo final del concierto que fue a más en cada canción y que realmente fue muy disfrutable. No en vano se dejó para este último trozo más clásicos como "Little Earthquakes", una más que genial "Precious things", con Tori y la banda dándolo todo y con la pelirroja llegando a esos agudos de cristal, o "Raspberry girl", un tema discotequero que supongo que a más de un fan se le atraganta pero que en directo funciona porque consigue levantar al público de su butaca y porque hace que la Amos se desate cantando de pie o encima del banco para piano eso de "I'm not you señorita".

Pero la mejor canción de la noche fue "Strong black Wine", un tema en el que sonido del Hammond fue el absoluto protagonista y en el que Tori fue de menos a más hasta acabar gritando como una posesa eso de "She can push that motherfucker/She is my mother, fuckerer/She can push that evil from you". Y todo esto, aporreando el Hammond sin parar, sin dejar de moverse y dándole un más que evidente toque sexy a la canción, por si no lo tenía. (Ver vídeo del concierto de Washington).

"Caught a Lite Sneeze" y "Big Wheel" cerraron el concierto y me quedé con ganas de repetir. ¡Que venga de una vez!

(13.08.09)
Foto: Spinner, Absence

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La BELGAnza de Josh Homme y Mike Patton

lunes, 24 de agosto de 2009


Recorría yo los rincones oníricos esta noche cuando un zombie del barrio de Sants me amenazó con comerme el cerebro si no redactaba una reseña de la edición de este año del Pukkelpop, en Hasselt, Bélgica. Como buen redactor que soy, exagero, y como buen colega que soy, soy sincero y digo que lo hago de muy buen gusto tras la amable invitación de Mr Sorro a este blog.

Este año he tenido el honor de poder asistir a uno de los festivales con más solera del panorama continental (25a edición, sin celebraciones añadidas, adelanto), o viceversa, ya que queda patente mi enorme encanto y carisma en apenas dos líneas. El evento se antojaba personalmente muy interesante, con una serie de grupos de calado medio o de importancia a destacar dentro del hardcore/punk/metal, y generalmente con los ojos puestos en Faith no More, en el acto sorpresa anunciado 15 días antes y en la presentación del tercer completo de "Arctic Monkeys", por no hacer el feo al lavado de cara que ha gozado "Placebo" con su nuevo batería en los directos. De muy buena gana, pues, voy a hacer unos pocos apuntes de estos tres días musicales, rubios, hierbosos y campiníticos.

Creo que todos estamos de acuerdo que el turismo que se puede realizar de festival es un turismo, digamos, antropológico-sociológico. Vamos, que no ves una puta mierda pero conoces la cultura del país mediante los que la sostienen, en este caso niños que seguramente han gozado de un desembolso parental para asistir los tres días al Pukkelpop sin sudar ni tan solo lo que se suda esperando un bolo, pero a cambio aprenden inglés y no creen que Fredor Dostoievski es un enemigo de Final Fantasy. Esto que apunto es verdad, pero por ahora nos la suda porque lo que hice fue conocer a un colega de 34 años de Tortosa que, mediante "tarragonismos" como usar el "lo" o el "avore", me estuvo adelantando en el tren Bruselas-Hasselt lo que me esperaba si al final eran Them Crooked Vultures los protagonistas del bolo sorpresa ya que los vio en Amsterdam un día antes, además de expresarme su sorpresa al enterarse que yo y mis dos colegas eramos Hardcoretas ¡de Barcelona!. "Avore, allá a Barcelona tots son poppies", sentenció. Con esto gané dos cosas. Primero el gozo de sentirme auténtico y distinto (encima soy guapísimo), y segundo saber que The Crooked Vultures parece que pintan fuerte (y que hacen rock).

Voy a hacer un sueño realidad, y es convertir el engorro de montar la tienda y hacer colas en un suspiro. Alehop! Estamos en el final de This City, emocore del cual solo tenemos testimonio de sus últimos acordes. No es que se me haya ido la mano saltándome momentos agrios, es que no llegamos a tiempo a verlos. Una lástima. Tocaba echarse el día en "The Shelter", el stage punkarra y "tupa-tupa" del festival. "Ghost of a Thousand" magnificó el inicio de la experiencia con un hardcore-punk presentando su nuevo álbum con la Epitaph y mostrando su contemporaneismo con Gallows con un show del pogo liderado por un cantante más rubio que su público y más animado que el cartel que le precedía ése día, con momento cúspide llamando a los presentes a montar dos hordas frente a frente que se chocaran al recibir el aviso en forma de riffs del estribillo correspondiente. "Zebrahead" cambió agudos por rapeos y contundencia por diversión. Si en "Ghost of a Thousand" las rodillas se propulsaban como saltamontes, con los americanos era la cabeza la que se movía al compás que marcan las rimas suburbiales. "Rival School" dio una muestra de qué es eso del "post grunge" con argumentos sucios pero llevando al ambiente a un punto más cercano a saber catalogar grupos dentro de sus géneros. Post-grunge, a veces me pregunto si es más difícil hacer "post" que el género en sí...

"Bring me the Horizont", turno para guturales hardcore con fondo metal. Refused para imberbes. Con un público que bien le daría aquí la bienvenida al Canto del Loco o a sucedáneos varios, estos chavales dieron la sorpresa con una puesta en escena haciendo caso omiso al escenario (sobre las vallas de seguridad, vamos), y entonaron los primeros segundos de la brutal "Diamonts Aren't Forever" aplastando a los héroes de cuento de hadas de los niños presentes e intercambiándolos por unas máscaras de Slipknot. El arco perfecto iniciado por los de Sheffield se completó con el pedazo acto de "Thursday" (los cuales ví en detrimento de Deftones, lo siento), un directazo que rompió las paredes de todo estudio para sonar al aire libre como si salieran del MP3 más moderno. Sin quererlo, Geoff Rickley se convirtió en un adelanto de lo que nos esperaba en "Faith no More", sin duda los dos cantantes del evento. Para el plato fuerte de la primera noche el trámite obligado por un servidor era poder disfrutar en directo a Offspring.

Si hay algo peor que un rumor negativo, es que sea cierto. Offspring estaban ganando una mala fama de funcionarios que quedó patente en el Main Stage. Pero bailé sus temas y la experiencia quedó ahí y el "Gonna Away" balad version también.

Mike Patton. Solo faltaron las butacas acolchadas y el acomodador con su linterna. Nunca una sensación de impresión artística me invadió así en un concierto. En temas como "Midlife Crisis", que me encantan y en el cual, ironías de la música, un hombre de mediana edad se tiró del escenario teniendo una dura crisis bucal traducida en la pérdida de varios dientes, solo podía observar, con las manos entrelazadas en mis lumbares, la siguiente mueca o chasquido de labios del cantante más polifacético del Metal. Faith no More ofreció una serie de paradojas tales como un bizarrismo perfecto, una estridencia eufónica, una locura tranquila. Hiptnótico y transdimensional. Un concierto que físicamente no tuvo traducción, pero sí mucha fuerza y énfasis interior.

Entre éstas y aquellas aventuras, me acerqué a ver a los Them Crooked Vultures, el nuevo trabajo de Dave Grohl, Josh Homme y John Paul Jones. Dicho combinado salido del imaginario del portero de la Roxey, ya se ocupó de crear mucha expectación publicando una serie de trailers con apenas algún riff o juego de batería como referencia o solo dando la opción de comprar la chupicamiseta en la página web. Yo iba con una pareja al festival, con lo cual me conformé con verlos en la pantalla exterior del Marquee Stage. Ésta crónica la escribe un auténtico ignorante musical, pero ya decía Socrates que no saber nada mola mazo, y más si te dejas llevar por el empuje y el carisma de un simpático conjunto que realiza unos ritmos que conjugan muy bien con la sangre y una melodía que se entona con el aire que respiras. Grohl y Homme se entienden a la perfección y lo traducen en un rock clásico con reminiscencias a Queens of the Stone Age o a Gary Moore, con la creatividad de Rush o la simpatía de the Outlaws.

Queda para cuando estudie física o astronomía la crónica de "My Bloody Valentine". Solo puedo explicar que si no me lo llegan a decir no me entero de que el grupo tiene dos cantantes.

Postrockea que te postrockeo, "And so I watch You from Afar" heló la sangre con una vorágine de sentimientos lenguaje instrumental mediante, ya en viernes. Una montaña rusa de sensaciones, "The Nameless" es la primera balada sin voz que me ha dejado boquiabierto. Viajamos a Florida y me reencuentro a "New Found Glory", para mí el mejor grupo Punkpop y mi conjunto favorito, que correspondió tanto amor con un frontman como Jordan Pundik animando como sólo él sabe hacer y con una línea instrumental que es de las pocas que tan identificada se siente con lo que toca. Los 40 minutos más cortos de mi vida, y eso que he tenido buen sexo en mi vida.

Josh Homme seguía en espíritu pues "Eagles of Death Metal" tocaban mientras gocé el hardcore rock de "Future of The Left", unos señores músicos donde no se podía decir con seguridad quien era el bajista, el teclista o el guitarra, y el punk/rockabilly de los australianos "The Living End". Como todo exceso es malo y debía asumir tan buenos directos, un servidor se dividió de sus colegas y se fue a echar unos bailes con el Pop sintetizado de "The Ting Tings" para hacer hueco a los abrazos a los que invitaba "Snow Patrol", que supieron estar a la altura de la rápida fama que han ganado y supieron darle caña a su discografía un tanto monocroma. Me apetecía algunas baladitas leñe!

"Plasibo" se colgó de las dos baquetas del nuevo batería Steve Forrest y colgó el cartel de "interesante" en los indiferentes como yo. Buen show con sonido limpio y consistente y echándole huevos contra el baile de géneros a los que el público somete al grupo de Brian Molko. "Red Blood Shoes" puso la nota grunge con un dueto belga que mediante la guitarra y la batería deformó con potencia el Club Stage con sus acordes brutales y sus golpes de suciedad.

No hubo sexo en sábado como dictan los cánones pero sí orgasmos, como el que ofreció el sonido Emocore de "The Blackout" y el que simuló su cantante con algunos juegos de labios que firmaría la mismísima Carmen de Mairena. Excelente concierto para desperezarse y pasarse la política por el forro de los cojones con "Anti-Flag", los cuales distorsionaron y deformaron su sonido de estudio para agrado de unos y desagrado de otros y ofreciendo por fin un cover, como el "Should I Stay or Should I Go" de los Clash. Enter Shikari pecó de inocente y su buena actuación fue eclipsada por los bolos del The Shelter Stage de los días anteriores, pero se agradeció su aportación techno-hardcore-emocore a la tarde y sirvió para entonar los oídos, pues llegaba la elegante y firme mano de "Dinosaur Jr" con su guitarra de ensueño.

Mi momento chupiguay llegaba con los californianos "Mad Caddies", que también destrozaron cualquier barrera física y dieron un directo que parecía sacado recién calentito del estudio. Sonidos latinos, buen rollo y abstracción mediante las melodías más simpáticas del día.

Y para concluir, otra vez Josh Homme navegaba por el ambiente pues su producción en el tercer álbum de "Arctic Monkeys" entraba en escena. Un servidor pudo ubicarse en primera fila pues el público seguía parecido sacado de un programa especial de Rita Irasema. Los británicos presentaró
on el nuevo trabajo con tres temas al inicio y repasaron su discografía con un sonido rocambolesco y esquizofrénico, como la voz de su frontman, Alex Turner, y cerró con poderío el festival a pesar de su frialdad en lides como el discurso o el contoneo rockero, invento patentado de Iggy Pop.

Josh Homme pudo volver a casa y Mike Patton se quedó allá con su golpe en la mesa. Para ahorrarnos el engorro del viaje y las colas en el tren, ya sabéis. Alehop! Y hasta el año que viene!

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